A sus 44 años Ricky Martin ha vivido para y por lo que le gusta y apasiona. Desde muy temprana edad, afloró en él su talento para el escenario. Las tablas, set de televisión, micrófonos y el mundo de las letras han sido esos medios donde ha podido expresar el torrente de creatividad y arte que fluye en sus venas. De nacionalidad puertorriqueña –pero ciudadano del mundo– ha paseado su talento por todo el globo, poniendo a bailar a más de uno al ritmo de sus contagiosas melodías, y por qué no, ha enamorado a otros tantos con sus más emblemáticas composiciones románticas por la cual es catalogado un artista completo en cada faceta. Su voz de tenor ligero le ha granjeado los motes de “Rey del Pop Latino”, “Astro del Pop Latino y “Astro Boricua”. Enrique Martin Morales (su nombre de pila) saltó a la palestra a inicios de los años 80 con el inolvidable grupo Menudo.

Tras ocho años de ausencia de los escenarios dominicanos, el astro boricua se apresta a regalar su talento en el anfiteatro Altos de Chavón, en una noche que promete ser inolvidable.

En 1991, despega como solista y el resto es historia. Su trayectoria fue en ascenso, llegando a ocupar las principales portadas de los más importantes medios de comunicación en cada nación donde se presentaba. Un éxito traía el otro, y aunque se desempeñaba en varias actividades, como novelas en México y también en el séptimo arte, el canto fue siempre una asignatura que no quiso dejar pendiente. Parece que tenía razón, pues desde sus tímidos comienzos como solista en la industria discográfica, sus producciones fueron mejorando hasta convertirse en la estrella que hoy todos conocemos. La versatilidad de su estilo es una de sus armas más poderosas. Le ha permitido cautivar a sus fans en distintos momentos y además ganar otros.

No podemos decir que uno supera otro. Desde el inolvidable tema “Te extraño, te olvido y te amo” que fuera un éxito mundial hasta una de sus más populares canciones como “María” es una prueba fehaciente de lo anterior expuesto.
Aunque era ya una figura reconocida y había hecho grandes y loables trabajos discográficos, cinematográficos y teatrales, su internacionalización definitiva llegó poco después con el inolvidable éxito “La copa de la vida”, canción oficial de la Copa Mundial de Fútbol de 1998. Su interpretación en el día de la final en Francia fue inolvidable, así como su participación en los premios Grammy de 1999, donde se calculan por millones los espectadores que vieron esta actuación en más de 100 países en todo el mundo.

Como si todo esto fuera poco, su siguiente disco “Ricky Martin” fue más exitoso aún y lo lanza a su consagración total con canciones en inglés y castellano, que incluyó el tema “Livin’ la vida loca”, uno de los más populares del artista y uno de los sencillos más exitosos de todos los tiempos. Con una calidad incuestionable, muchos entienden que ha sido uno de los mejores discos del artista. No era para menos, pues en la producción se involucró grandes profesionales del calibre de Robi Draco Rosa, Desmond Child y Emilio Estefan Jr.

Luego de esto, una vorágine de premios y presentaciones le sucedieron uno tras otro. Prácticamente vivía en el aire pues por los múltiples compromisos asumidos tenía que viajar de un continente a otro con total naturalidad. Esto provocó una pausa necesaria en su agitada vida, que le llevó a reflexionar el verdadero sentido de la vida y contestar preguntas existenciales que todos tenemos dentro con un gran signo de interrogación.

Su devoción por el budismo no es secreto para nadie, trata de vivir sus postulados de respeto a los demás. Muchas veces ha dicho que tiene una relación directa con Dios y la define como maravillosa. Hace unos meses corrió el rumor de que sus dos adorados hijos, Matteo y Valentino, fueron bautizados por el Dalai Lama, máximo representante de esta religión. La filantropía forma parte de su modus vivendi, y no desde ahora; hace mucho tiempo que a Ricky le mueven las causas sociales, y su fundación, que lleva su nombre, ha contribuido con importantísimas causas.