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P.S. IT’S FANCY l Under the Spotlight: Diane Von Furstenberg

P.S. IT’S FANCY.

 

Tan explosiva como las doce campanadas del día de su nacimiento, aquella noche del 1946, Diane es una mujer determinada, de carácter fuerte, revolucionaria como su época, genuina, sabia y un tanto arriesgada.

De niña no sabía exactamente a qué dedicarse, pero sí el tipo de mujer en el que quería convertirse, una independiente y vaya que lo logró. No tardó demasiado, antes de dejarse seducir por el diseño, convirtiéndose la moda, en su completa área de interés. A pesar de haber iniciado estudios en Economía en la Universidad de Ginebra, aceptó pasantía en el taller de un amigo diseñador en Italia donde aprendió el arte de los estampados, los jerseys y la ropa íntima.

“De niña nunca supe a lo que quería dedicarme, pero sí en el tipo de mujer en la que quería convertirme”.

Pausó para vivir un mes en New York City, junto a su novio de aquel entonces, Egon von Fürstenberg, hijo mayor del príncipe Tassilo zu Fürstenberg. Allí se enamoró… de las vibras y propuesta de los diseñadores “americanos” y puso sus sueños en sintonía. Conoció la magia de ese mundo, hizo importantes contactos y regresó a casa. Al poco tiempo, con 22 años, esperaba su primer hijo (la pareja tuvo dos) y recién se casaba con Egon.

Esto último la convirtió princesa de Fürstenberg, pero esos son fragmentos de la historia que ella muy rara vez toca, al igual que las relaciones sentimentales que le siguieron al divorcio; después de todo, esto no la logró definir nunca, tampoco detuvo ni transformó sus sueños. Regresó a aquel taller en Florencia, hizo sus primeros diseños y voló a Estados Unidos. Tocó puertas, varias, hasta que llegó al despacho de Diana Vreeland, editora de Vogue en aquella época; y fue cuando su nombre se hizo público.

No fueron precisamente las muestras que llevó desde Italia, las que cambiaron su destino, sino la que creó estando en la Gran Manzana, el icónico Wrap Dress (1974); o más bien una reinterpretación de él, inspirado en el abrigo de las bailarinas de ballet, en jersey y con estampados.
Eran los años 70, y las mujeres cada vez ganaban más “terreno”, este vestido les permitió sentirse seguras, propias, sin dejar de ser sensuales, hasta el punto donde en retrospectiva se podría considerar uno de los “uniformes” y símbolos de las féminas de la década. “Se lo debo todo a este vestido, me permitió vivir el sueño americano, pagar mis cuentas, la educación de mis hijos, me hizo famosa e independiente, pero sobre todo, me permitió empoderar a las mujeres alrededor del mundo”, dijo Diane para los 40 años del vestido.

Y es que todavía hoy, 43 años después del “lanzamiento”, el Wrap Dress de DVF sigue viviendo, luciéndose en personalidades como Madonna, Kate Middelton y Michelle Obama, quien lo llevó en la primera tarjeta de Navidad de la familia presidencial como primera dama. Esto sin mencionar su participación en el cine, donde ha sido personaje en películas de Almodóvar.

Lo cierto es que este fue solo el principio de su firma, que no se dedicó exclusivamente a los vestidos, también ha diseñado otras piezas, fragancias, todos los estampados de sus telas y hasta equipaje. Fue la primera diseñadora en combinar la moda con la tecnología, incluyendo los lentes de Google en su desfile de primavera-verano de 2013.

Su carrera en la industria tiene muchas capas, pero solo tres etapas que ella categoriza como: 1. Cumplir el sueño americano, 2. Regresar a la industria, casi 15 años después de haber vendido su empresa y 3. Trabajar el legado; y en esta última, es donde se encuentra justo ahora.


EDITORIAL.

¿Qué tan en serio te tomaste tus primeras veces? Tengo que admitirlo, de todas las frases que he escuchado de Diane Von Furstenberg, esta es, sin lugar a dudas, una de las más poderosas: “Las personas no se imaginan lo increíblemente importantes que son las primeras veces, los primeros encuentros, las primeras puertas que se tocan, las primeras que se abren, las primeras que se cierran, las primeras creaciones, los primeros pasos… porque son justo estos, muy a menudo, los que conforman la esencia de todo en lo que te convertirás luego”.
A partir de entonces, el concepto del primerizo dejó de tener la misma connotación para mí, dejó de ser la “víctima inexperta”, cuyo destino solo se puede escudar tras “la suerte de principiante” o el “es propio de novatos”, para ser fundamento, un aprendiz responsable, capaz de elegir con cautela y asumir por convicción, de encontrar la balanza entre lo impulsivo y lo estratégico, de dejar a un lado posibles miedos e inseguridades para tomarse a sí mismo un poco más en serio, porque solo así, la zapata que le toca construir, para sí mismo, será lo suficientemente sólida y resistente para sustentar la realización y calidad de todo lo que sueña ahora y le tocará vivir luego.