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Así es el nuevo emperador de Japón

Naruhito

El príncipe Naruhito es entronizado en Japón tras la renuncia de su padre Akihito. Naruhito, de 59 años, no fue criado por el personal de palacio, tal y como manda la tradición nipona, sino que al nacer sus padres decidieron que se ocuparían ellos mismos de su educación. Después, desafiaron de nuevo las tradiciones imperiales y apoyaron a su hijo cuando éste dijo que quería estudiar Historia en Oxford y completar su formación con una tesis sobre la navegación del Támesis desde el siglo XVII hasta 1989. Nada menos. De aquellos años que él ha descrito como los “mejores de mi vida”, nació la autobiografía El Támesis y yo donde cuenta desde sus incursiones nocturnas en los pubs londinenses (algunos incluso a los que no podía entrar por ir mal vestido) hasta sus percances en Merton College.

El nuevo emperador de Japón, en ese entonces era un aficionado a la música y le encantaba tocar la viola. “Me gusta la viola porque no destaca, pero es necesaria porque sin eso la armonía se vuelve solitaria. Es un placer haberla elegido para conocer gente y tocar música juntos”, escribió el futuro monarca. Uno de ellos, su amigo Toshio Shirashi con quien toca el chelo, ha dicho a Associated Press que la elección de la viola muestra el tipo de hombre que es. “Será un emperador fantástico porque es una persona cariñosa y humilde que nunca ha olvidado sus deberes como príncipe y no los olvidará como emperador”, comentó otro de sus amigos músicos de Oxford, Keith George. “Naruhito no ve las cosas pensando en lo que significan para él, sino en lo que significan para las personas que le rodean”.

Naruhito ha forjado por tanto su visión del mundo lejos de las tradiciones y en un ambiente cosmopolita y abierto. Hombre claramente determinado, se pasó ocho años tratando de convencer a su mujer, Masako, por entonces una brillante diplomática educada en Economía por Harvard, políglota y educada en el extranjero, de que se casara con él. Sufrió hasta dos rechazos antes de conseguirlo. La había conocido en una recepción en el palacio de Tokio en honor a la Infanta Elena y tan solo después de varios minutos de hablar con ella supo que estaba enamorado. Le enviaba flores cada año por su cumpleaños, le escribía… Cansado de esperarle su hermano pequeño terminó por casarse antes que él. Al final, después de mucho pensárselo, ella dijo sí. Naruhito consiguió lo que tanto anhelaba.

Naruhito tendrá que hacer frente a un país con un alto nivel de vida, pero envejecido y cuya economía no termina de salir del estancamiento en el que entró durante la etapa de su padre.

Un país en el que el papel de la mujer está limitado incluso a la hora de heredar el trono. Masako, quien todo el mundo creyó ayudaría a modernizar la monarquía y el país antes de caer en una terrible depresión que la ha mantenido alejada de los focos, no podrá ver ni siquiera entronización de su marido. El gobierno de Abe, que ha impulsado sin éxito una plataforma para el empoderamiento femenino en la sociedad y la economía japonesa, ha prometido que discutirá el papel de las mujeres en la familia imperial una vez Naruhito ascienda al trono. Él sabe lo que es sufrir presión por no tener un hijo varón descendiente al trono y lo que eso ha supuesto para su familia. En el imperio del Sol Naciente empieza una nueva era, la de Reiwa o de la Bella Armonía.