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Los Grimaldi celebran el Día Nacional de Mónaco

Los Grimaldi se han reunido para celebrar una de las jornadas más importantes en el principado, en la que los más pequeños han acaparado todo el protagonismo, nos referimos al Día Nacional de Mónaco.

Charlène Carolina de Mónaco han sido las grandes protagonistas de una jornada que se vive en en el principado desde 1949 cada 19 de noviembre. La festividad sirve además para ver reunida la familia Grimaldi, algo que no es común. Las imágenes de la princesa celebrando la victoria de Sudáfrica en el Mundial de Rugby mientras a miles de kolómetros, su marido Alberto y sus hijos, visitaban Japón, dan por constatado esto.

El Día Nacional de Mónaco ha conseguido algo que es difícil de ver: a la familia Grimaldi al competo, reunida y feliz. Además de las mencionadas, no han faltado a la cita tampoco la princesa Estefanía y las siguientes generaciones, aunque sí ha habido una baja: Carlota Casiraghi, su marido, Dimitri Rassam, y sus hijos.

Entre los más puntuales a la cita, los hermanos Andrea y Pierre Casiraghi, que han acudido con sus parejas, Tatiana Santo Domingo y Beatrice Borromeo. Todos ellos han asistido con sus hijos, que, como suele pasar en este tipo de acontecimientos, han robado el protagonismo de los mayores.

La jornada comenzaba, como ya es habitual, en el patio del palacio donde las autoridades esperaban la presencia de la familia, que no tardaba en hacer su aparición en el Palacio Grimaldi para disfrutar de las celebraciones desde los balcones. Como es habitual, Charlène, Alberto, Jacques y Gabriella se situaban en el central, mientras que los balcones laterales se colocaba el resto de la familia, incluyendo a Marie Chevallier, la nuera de Estefanía de Mónaco, casada desde el pasado julio con Louis Ducruet.

Varios han sido los protagonistas de la jornada. Desde los estilismos de las monegascas donde observamos que todas, sin excepción con la cabeza cubierta. Algunas de forma mucho más vistosa, como el caso de Charléne o Tatiana Santo Domingo, que han apostado por sombreros grandes, y otras mucho más discretas, como Carolina de Mónaco, que solo ha llevado un pequeño velo a modo de tocado.

Y lo que ya no es noticia es el habitual rictus de la princesa Charléne, a la que ni siquiera sus hijos logran sacar una sonrisa en este tipo de acontecimientos oficiales, que no son muy de su agrado. Y eso que Jacques y Gabriella han protagonizado algunos momentos memorables en el balcón. Vestidos con pequeños uniformes para honrar las celebraciones, no han parado de moverse y tamborilear sus manos al ritmo de la música o intentar hacer el saludo militar, que veían en los guardias que desfilaban en la plaza.