Inicio Entrevistas Visionario Lidia de Macarrulla

Lidia de Macarrulla

VISIONARIO.

Intelectual.

Lidia de Macarrulla

entrevista Patricia Acosta foto Robert Vásquez
Tomábamos el café de la tarde, mientras escuchábamos la lluvia caer. Lidia de Macarrulla contaba su emotiva historia llena de literatura y su tierna experiencia con Chico, el perrito protagonista de Mi nombre es Chico, uno de los cuentos que integran su repertorio bibliográfico.
Química de profesión, literatura por pasión. Aún cuando su madre era profesora de letras, dirigió a Lidia a estudiar Ciencias por su gran habilidad en las matemáticas. Su padre, al ver sus destrezas en la escritura, la motivaba siempre a escribir. Desde pequeña buscaba los libros que le llegaban a su madre para poder leerlos; sustituía uno por otro. Con solo doce años, leyó Cien años de soledad, del autor Gabriel García Márquez; además, empezó a escribir poesías y cuentos.
Después de casarse, se dedicó a sus hijos y su hogar, quería vivir la experiencia plena de ser madre, aunque en el descanso de sus ocupaciones habituales escribía algunas poesías. Luego de 30 años, decidió dedicarse por completo a la escritura.
Unir las familias, que los padres dediquen tiempo a sus hijos, son el objetivo de Macarrulla con sus libros. Los niños, según la escritora, deben tener la oportunidad de ser educados desde pequeños y, sobre todo, de ser concientizados de que la raza, la cultura, el color de piel no nos define como persona, lo que realmente nos identifica es lo que somos como persona. Redactar cuentos para niños es un reto para la escritora por utilizarse un léxico distinto, que exige ser más explícito. El búho y la lechuza es uno de sus libros favoritos, el cuento narra de forma sencilla problemáticas sociales que vivimos hoy en día.
Sus libros son reclamos a la sociedad sobre las conductas sociales negativas que nos afectan como seres humanos y, sobre todo, al mundo en que vivimos.
Si tuviera que proponer un eslogan para una campaña nacional de lectura, elegiría: “Leer entretiene y educa”. Explica que la sociedad pasa más tiempo en las redes sociales que leyendo o investigando, hoy que tenemos más posibilidades para obtener cualquier tipo de información. Insiste que la lectura sin moraleja no tiene sentido. Es una forma de expresar sus deseos de mejora para la sociedad.
Admira, por su imaginación, a Gabriel García Márquez en su obra Macondo y a Jorge Luis Borges porque coincide en su pensamiento de que, para escribir novelas, es necesario recurrir a otros elementos, además de que pueden verse como un todo cuando uno ha olvidado muchos detalles.