Art de Vivre.

Antes de su ascenso final al Everest el explorador y alpinista inglés George Mallory fue entrevistado por el periódico The New York Times. El reportero que le entrevistaba tomó la oportunidad para inquirir sobre la obsesión que había surgido en los años antes con la montaña más alta del mundo, preguntándole al alpinista que por qué elegía escalar el Everest. Mallory respondió con una frase que definiría el deporte del alpinismo para el resto de la historia: “¿Por qué Everest? Porque está ahí”. Así mismo cuando me pregunto por qué viajamos, la respuesta que surge es similar: viajamos porque existe en los seres humanos una profunda necesidad de conquistar todo lo que está a nuestro alcance, y de –en el proceso– descubrir sobre nosotros mismos facetas diferentes, desconocidas y sorprendentes.

vivre5Viajamos, inicialmente, para deshacernos de las nociones preconcebidas que tenemos sobre nosotros mismos. En segundo lugar, viajamos para encontrarnos. Cuando dejamos lo que nos es familiar, nuestras mentes y corazones se abren, permitiéndonos descubrir aspectos de nuestro planeta que ni periódicos ni televisiones pueden transmitir. Viajar nos permite lograr un mejor balance entre la sabiduría y la compasión, permitiéndonos ver claramente nuestro entorno familiar y lograr una nueva apreciación de él. En parte, viajamos para sacudir nuestras expectativas de lo que conocemos y para rescatar la humanidad de lugares que tienden a ser abstracciones ideológicas cuando los imaginamos.

vivre6Existe en la literatura una línea famosa del autor y novelista francés Marcel Proust sobre la idea de que un verdadero viaje de descubrimiento consiste no en ver nuevos lugares, sino en ver con nuevos ojos, incluso lo familiar. Cuando dejamos atrás nuestra cotidianidad, nos permitimos ser la llave de estos descubrimientos para las personas que habitan esas localidades “exóticas”.

vivre3A través del viajero, el local tiene la oportunidad de abandonar los límites de su experiencia y abrir sus horizontes, a la par de asesorar el descubrimiento de estos horizontes para el que ha abandonado su día a día. Así, viajar nos cambia de dos maneras fundamentales: nos muestra las vistas, valores y problemáticas que inconscientemente ignoraríamos y nos muestra las partes de nosotros mismos que, de otra forma, se oxidarían, porque en viajar a un lugar totalmente desconocido, inevitablemente visitamos partes de nosotros mismos que no tenemos causa de explorar normalmente, parte que generalmente se pierden en el ruido y la rutina.

vivre2“Fuera” es ese lugar donde nos quedamos despiertos hasta tarde, siguiendo impulsos que normalmente ignoraríamos, encontrándonos tan dispuestos a entregarnos como cuando primero nos enamoramos. Por un momento en el tiempo vivimos sin pasado ni futuro, abiertos a nuevas interpretaciones de nosotros mismos y permitiéndonos reconocer que, muchas veces, las costas más lejanas se encuentran dentro de las personas que descansan más cerca de cada uno de nosotros y que el “eso” que buscamos cuando viajamos tiene que encontrarse dentro de cada viajero.

vivre4Viajar es una oportunidad de crecer. Viajamos por que buscamos aventuras, cambios y nuevos retos. Viajamos porque queremos conocer nuevas personas y descubrir diferentes culturas. Viajamos porque sentimos una profunda curiosidad por lo que el mundo tiene que ofrecer y por qué la única forma de satisfacer esa curiosidad es viajar. Porque, como escribió Robert Louis Stevenson en su novela “El Dorado”, “viajar es mejor que haber llegado”. Viajamos, en fin, porque necesitamos una dosis de lo distante y diferente. Porque cuando volvemos a casa, todo permanece igual pero nosotros hemos cambiado, y eso cambia todo.