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Bill & Melinda Gates

Bill Gates

ALTRUISTAS

Y su lado filantrópico

“Ante la adversidad se presentan dos opciones: rendirse o trabajar más duro. Yo escojo trabajar más duro”. 

De temperamento afable y espíritu filantrópico, Bill Gates es un nombre que todos reconocemos por tres factores fundamentales: Ha encabezado, en innumerables ocasiones, la lista de las personas más ricas del mundo, es el fundador de Microsoft, una de las compañías tecnológicas más importantes y reconocidas a nivel internacional, en lo que respecta a desarrolladores de software, y por ser uno de los mayores donantes de valiosos proyectos de investigación y desarrollo, relacionados con la salud global, a través de la Fundación Bill & Melinda Gates. 

“Para ganar a lo grande, a veces necesitas tomar grandes riesgos”.

Hoy, ante la situación catastrófica por la que pasa el mundo a causa del coronavirus, Covid-19, es inevitable no recordar las palabras de Gates durante la charla TED que ofreció en 2015 y donde el cofundador de Microsoft subió al escenario en la ciudad de Vancouver, Canadá, empujando un barril negro con los sellos del Departamento de Defensa de Estados Unidos. ¿Qué buscaba explicar el magnate? En aquella ocasión, manifestó que el barril simbolizaba los artículos que muchas familias guardaban en el sótano cuando él era niño, a modo de prevención, para sobrevivir en caso de una gran amenaza, como una guerra nuclear. 

Pero, en ese momento, más que anunciar que se avecinaba una guerra, Gates vaticinaba un gran riesgo a nivel mundial: un virus muy infeccioso, que se propagaría por todo el planeta y contra el cual no estaríamos preparados para luchar, “No estamos listos para la próxima epidemia” formuló, en un encuentro que tenía como contexto la epidemia de ébola que, entre 2014 y 2016, cobró más de 10,000 vidas y afectó a tres países en África Occidental, hasta extenderse a Estados Unidos, Italia y España. 

Durante esta alocución, Gates presentó una serie de errores que se cometieron, como el hecho de no contar con epidemiólogos que se movilizaran al foco del brote y, si bien tomó como modelo la pandemia de la influenza de 1918, conocida mayormente como La gripe española, en la que se estima que fallecieron 50 millones de personas en el mundo, hoy sus palabras cobran mayor importancia.

La humanidad se enfrenta a un virus que se ha extendido con una rapidez estrepitosa, del cual las personas infectadas no manifiestan síntomas inmediatos y que ha provocado una crisis sanitaria en distintas partes del mundo. Las cifras son alarmantes, más de 1.4 millones de personas alrededor del globo han resultado afectadas y, hasta el momento, contabiliza más de 73 mil muertos en todo el planeta.

Sin dudas, su charla fue más que profética y la conclusión por igual: “El tiempo no está de nuestro lado”. 

“Si empezamos ahora, podríamos estar listos para la próxima epidemia”, declaró esperanzado. “No tendremos que acaparar latas de espagueti o irnos al sótano”.

Bill Gates, la computación y sus causas sociales

William Henry Gates III, mejor conocido como Bill Gates, llegó al éxito gracias a la tecnología. El magnate desarrolló sus habilidades de programación cuando se encontraba en la escuela, donde diseñó un programa informático para organizar a los alumnos en las clases. Este sería tan solo el comienzo de una sorprendente carrera profesional, que inició a la tierna edad de 20 años y que hoy cobra mucho mayor repunte, gracias a su dedicación a las causas humanitarias.

Su éxito se debe, en parte, a su filosofía de vida y capacidad de enfocar los problemas desde ángulos pocos habituales, para los que recurre a lo que él llama “semanas para pensar”. Se trata de una forma de aislamiento en la cual lee, documenta y piensa en cómo enfocar los nuevos proyectos.

Además de ser un gran precursor en la industria tecnológica, Bill es admirado y respetado por ser una persona humanitaria. En 1994, creó la Fundación William H. Gates, la cual fusionó, en el 2000, con la Fundación Gates para el aprendizaje, que más tarde renombraría como la Fundación Bill & Melinda Gates, cuyo principal objetivo es colaborar con temas de salud y educación, además de igualdad de género, pobreza, entre otros asuntos de índole social.

Esta organización benéfica, cuyo apoyo económico procede de la fortuna de la pareja, está considerada como la más grande alrededor del mundo. Su sede principal se encuentra en Seattle, Washington, y está dirigida por su esposa, Melinda Gates, Bill Gates y Warren Buffett, otro millonario y filántropo estadounidense, amigo del empresario, quien hace más de una década donó, paulatinamente, el 99% de su fortuna a la Fundación Bill & Melinda Gates.

Entre las iniciativas impulsadas por la fundación podemos resaltar, la campaña para la prevención del sida en la India (2004), el operativo contra la tuberculosis y la malaria (2006), The Giving Pledge (2010), con el objetivo de que los más ricos donaran algo de su fortuna, así como su lucha contra el Alzhéimer, la cual nació de su preocupación por padecerla, ya que su padre adoleció de esta enfermedad.

Melinda, la esposa de Gates y directora de la fundación, es quien gestiona y administra las campañas y conversaciones, como es el caso de la malaria o el sida; En ambos, fue la conyugue del magnate quien lideró las negociaciones con los líderes políticos, ONG, entidades públicas e incluso con quienes trabajan para ella. El matrimonio, como una vez explicó Bill, disfruta de los juegos mentales y el aprendizaje sobre las materias en las que trabaja su organización benéfica.

Trabajan juntos desde antes de casarse, ya que Melinda era responsable de varios productos dentro de Microsoft, entre ellos Encarta.

“Creo que la idea general de que los ricos ayudan a los pobres es importante.”

Hoy, todos los esfuerzos de la fundación se concentran en desarrollar una posible solución para combatir el coronavirus, razón por la que, hace unos días, anunciaron que se encuentran financiando la construcción simultánea de fábricas de siete vacunas, juntamente con la compañía farmacéutica Inovio, que estará siendo testeada en humanos, luego de obtener resultados en animales. 

«Nadie podía predecir cuál era la posibilidad de que surgiera un nuevo virus. Sin embargo, sabíamos que sucedería en algún momento con los de la gripe o con algún otro virus respiratorio y casi no ha habido financiación».

De confirmarse que las vacunas son efectivas contra el virus, tardarían entre un año y 18 meses en recibir aprobación formal para su aplicación al público.

“Nuestra financiación temprana puede acelerar las cosas. Vamos a financiar la construcción de las siete para no perder tiempo diciendo ‘¿bueno, que vacuna funciona?’ antes de construir la fábrica”.

Uno de los objetivos fundamentales de la fundación, además de coordinar fuerzas en la búsqueda de herramientas efectivas para contrarrestar el Covid-19, es impedir que la enfermedad avance hacia países más desfavorecidos, es por esto que en el fondo de donantes participan 50 farmacéuticas y empresas de la talla de Mastercad. 

De apariencia relajada pero sinceramente comprometido, Bill, ha obtenido innumerables reconocimientos, como la Orden del Imperio Británico, concedida por la Reina Isabel II, varios doctorados honoris causa de universidades en distintas partes del mundo, la Orden del Águila Azteca, por el gobierno de México, entre otras grandes distinciones.

El artífice de Windows ha dejado claro, en varias ocasiones, que su legado es, precisamente, contribuir a la solución de los grandes problemas que aquejan a la humanidad y ha expresado que incluso sus hijos, Jennifer, Rory y Phoebe, van a heredar tan solo 10 millones de dólares cada uno. “No les hacemos ningún favor a nuestros hijos dándoles una gran riqueza. Eso distorsiona cualquier cosa que podrían hacer al crear su propio camino” argumenta. Y es justo de esta manera que el magnate comenzó su fortuna, cuando era estudiante de la Universidad de Harvard.

Pero, sin dudas, la mejor forma de retribuir lo que este empresario exitoso y de alma noble hace por la humanidad es regresando un poco de lo mucho que cada uno recibe. Actualmente, Gates es un magnate con una misión muy distinta a la que inició unos años atrás, cuando se mudó a Alburquerque, Nuevo México y donde nació Microsoft. Hoy, este hombre de buen corazón, amante de la velocidad y lector voraz utiliza su fortuna multimillonaria para erradicar enfermedades e intentar cambiar el mundo que en una ocasión transformó, cuando dominó la informática en los años noventa. 

“He sido muy afortunado, por eso tengo la obligación de intentar reducir las desigualdades en el mundo. Es una forma de creencia religiosa.”