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Alberto Pierucci Renta y Klaudia Becker: la firma exclusiva de Kaftans

NOTA DE PORTADA.

Creativos.

Alberto Pierucci Renta & Klaudia Becker

“Nuestro primer encuentro se lo debemos a la moda y a Oscar ”
Deben marcar ya los 32 años desde que Alberto Pierucci Renta y Klaudia Becker, ambos jóvenes apasionados de la moda en aquel momento, se conocieron en el Atelier de Oscar de la Renta, el hermano menor de María Milagros, o doña “Maricusa”, como prefieren llamarle a la madre de Alberto.

 fotos Robert Vásquez maquillaje y peinado Avis Vásquez

Sonaba “sueña” de Luis Miguel, la adaptación en español de la canción escrita por el compositor Alan Menken y el letrista Stephen Schwartz para la cinta animada de Disney: el Jorobado de Notre-Dame. Fue la elección musical de Alberto, mientras Klaudia nos mostraba los primeros kaftans que hicieron en algodón y los detalles, como el broche de Swarovski que Alberto incrustó uno a uno en uno de ellos. Allí, en un estudio de puerta azul, en Casa de Campo, rodeados de árboles llenos de aves que prefieren sus ramas a las casitas que la pareja construyó para que ellas también vivieran, comenzamos una entrevista llena de recuerdos y fe en el destino.

RS: Cuando pensaron en una marca de moda en conjunto, la primera idea fueron los vestidos de novia, ¿Cómo llegaron los Kaftans a escena?
Alberto Pierrucci Renta: Yo, en Venezuela, trabajé muchos años diseñando trajes de novia, trajes de mamá de novia; Estuve 22 años con una empresa allá, Ferrari Modas.
Entonces sí, trabajé como director creativo de esa empresa, por lo que es natural que lo primero que se nos ocurriría serían estos trajes.
Klaudia Becker: Porque nos parecía que era lo más idoneo para el mercado de Casa de Campo, también para el de los turistas. Súper versátil porque es una prenda que puedes usar tanto en la mañana como en la tarde y en la noche, según la tela, según el largo. Trabajamos con una talla única que se adapta rápidamente según se venda, entonces creo que era lo más idóneo para hacer aquí. Al principio, íbamos a vender en volumen y después nos decidimos por el “one of a kind”. Nunca va a haber nadie con exactamente la misma pieza. A la mujer le gusta eso y principalmente aquí, en Casa de Campo, que la comunidad es pequeñita; ¿Tienes un coctel? Te puedes poner un Kaftan pero que sabes que nadie más lo va a tener. Y eso fue llevar la pieza más allá. ¿Y quién no tiene por lo menos uno en su clóset? Vivimos en el trópico, es una pieza muy apropiada. Además, recuerdo de niña ver a mi mamá con los Kaftan, reuniéndose con Oscar, con el presidente de Central Romana y todas esas personalidades: Ana Luisa Mastrolilli y Alma Vicini, Françoise de la Renta, las Von Furstenberg y Diana Vreeland, todas esas señoras con sus Kaftan, panuelos elegantes en el cabello y unos aretes “statement”.
Pero la verdad que la primera idea eran los vestidos de novia. El primero que hicimos juntos fue el de mi boda con Alberto; Ese fue diseñado por nosotros. Alberto tenía la experiencia, pero ese traje fue hecho en Santo Domingo; Tuve que ir muchas veces, soltarle el ruedo dos días antes de la boda y ahí fue que no queríamos nada que fuera una esclavitud. Estábamos en un momento donde nos gustan nuestros trabajos pero, al mismo tiempo, tenemos la libertad de que no es de esto que vivimos. Nuestra firma es algo de no enterrar los talentos, de enseñarle a mis hijos que hay que poner en función los dones que Dios nos dio.

RS: ¿Cómo se maneja el tema de “colecciones” cuando hablamos de piezas “one of a kind”?
APR: Bueno, no hacemos producciones en masa; Son piezas únicas pero sí, hacemos series, piezas que tienen una coherencia, un hilo conductor.
KB: Los colores lo marcan. Si es invierno, nos vamos con dorado y colores oscuros.
Rs: Ambos son directores creativos de Pierucci Renta, ¿Cómo nace la firma y cómo se manejan los roles compartidos cuando también hay matrimonio?
KB: La firma tiene su historia. Estando ya casada con mi primer esposo, conozco a esta amiga en Portofino que tiene esta tienda fabulosa, con la ropa de Alberto Ferretti y Versace, cuando estaba saliendo; Y la señora, que es ya de cierta edad, me pide que la ayude a comprar la ropa. Yo comienzo a ir con ella a ver todos los desfiles: Versace, Armani…Yo recién graduada de Parsons, era como una esponja, que absorbía todo, y ahora más que diseño era aprender a comprar. Cuando una persona ya es diseñador tiene su ventaja, porque sabe lo que es la confección, entonces a mí no me engañaba nadie, con la confección, las telas, la anchura por atrás; Además, me grababa también los diseños en la mente. Ahí empecé a interesarme, más que en diseño de moda, en “fashion merchandising”. A mí me gusta el diseño lineal, muy limpio, pero la costura tiene que estar bien hecha. Entonces ahí, ya cuando entramos con Pierucci Renta, comenzamos con alguien haciéndonos las piezas, porque claro: Éramos diseñadores de moda, ¿Quién iba a coser?
Alberto y yo deliberábamos constantemente a quién le tocaría esa tarea. Ahí comienza la búsqueda externa. La persona que me hacía la ropa cuando yo tenía la tienda fue que me comenzó a coser; Comezó a hacer los Kaftan, pero después veíamos ciertas condiciones que no nos agradaban. Entonces le dije: “Mira Alberto, yo no sé, pero nosotros estudiamos en Parsons, a nosotros nos enseñaron patrones, tú sabes algo de costura… Vamos a ver qué es lo que podemos hacer que no sea una cosa muy problemática de hacerle muchos ojales, ni piezas ceñidas”. Además, muchas veces, cuando nos compraban la mercancía, yo tenía que arreglarla, ajustándola, entonces le dije: “Pero bueno, aquí yo no voy a coser sola no.  ¿A ti te da vergüenza decir que tu coses? Porque yo no tengo vergüenza. Para mí, el hecho de que le estoy cosiendo una pieza a esta persona tiene un gran valor”.
Nos especializamos en buscar nuestras telas, colores, es una de las partes más bonita del proceso: Seleccionar las telas. Ahí vemos el tema de los roles, nos complementamos; Lo que él no tiene, lo tengo yo y viceversa. También tenemos más o menos los mismos gustos y, cuando algo no nos gusta, somos francos.
Y con el tema de la costura fuimos mejorando, tanto así que compramos la máquina que habla, la de allí.  Le dije a Alberto: “Vamos a hacer una cosa, aquí el que hace tiene un precio, entonces yo soy la administradora, y el que confecciona y el que vende tiene un precio, hay un precio también de Pierucci Renta y otro que hay que depositar en la cuenta porque hay que volver a comprar las telas. Nos organizamos.

“Recuerdo de niña ver a mi mamá reunirse con Oscar, con el presidente de Central Romana, y las Señoras Ana Luisa Mastrolilli, Alma Vicini, Françoise de la Renta, las Von Furstenberg y Diana Vreeland, todas ellas en sus Kaftans”.

RS: ¿Cuál es el punto de venta?
KB: Tenemos nuestro espacio, tienda/estudio, también la página web o las personas nos llaman por teléfono. ¿Cómo funciona la venta? Bueno, yo me pongo un kaftan, salgo a mis cocteles y las personas se enamoran de lo que llevo puesto.
RS: Su apellido, Becker, alemán, es reconocido en las aguas de nuestro país por ser el capitán del Yate Angelita, quien lo llevaba en la época de Trujillo. Klaudia, ¿Qué significa ser hija de Don Albert y cómo era la vida en casa de los Becker?
KB: Mi papá es alemán; Él es ingeniero mecánico que, a sus 21 años, vino al país a través de Trujillo para trabajar en una planta eléctrica en Santo Domingo, con otros 5 europeos más por unos seis meses. Después, cuando Trujillo compra el Yate Angelita, se acuerda que mi papá había trabajado para la Mercedes-Benz, y la maquinaria del Yate tenía que ver con ése, lo llaman y lo nombran capitán del Yate Angelita, ya tenía 25. Conoce a mi mamá y se casa. Ella, de Puerto Plata, apellido Monción de parte de madre, pero realmente se cría en Santo Domingo porque mi abuela queda viuda, con 5 hijos, y entonces se muda para Santo Domingo y nada, ahí mi abuela prácticamente adopta a mi papá y decía que si ninguna de sus hijas se casaba con él, se casaría ella. Él era muy buenmozo, imagínate, vestido de blanco, con su uniforme de capitán. Y nada, al final, mi papá tiene casi 60 años viviendo aquí, pero con acento todavía muy marcado. Fue vicepresidente de Ciudad Romana, encargado del Ingenio de Azúcar por más de 55 años, se acaba de retirar hace un año y pico, con 85 años, y todavía va a su trabajo, a darle su vuelta a su ingenio; Se cree que es de él, y como es una institución, lo están dejando entrar, pero no es que hace mucho. Dice que tiene 1,000 y pico de personas que dependen de él. Pero sí, muy dedicado, muy trabajador toda su vida y ése fue el ejemplo que yo tuve. Mi mamá, una ama de casa, en esa época donde las mujeres no trabajaban, y mi papá decia que él quería que ella nos atendiera a nosotros, y siempre era su casa bonita, nosotros impecables y, lamentablemente, después de 37 años, se divorcian. Mi papá vive en la primera casa de esta misma vía y mi mamá en Santo Domingo. Ella es muy capitaleña, de actividades, de museo, de obras teatrales, socialmente muy activa. Mi papá es más tranquilo. Ella se llama Rosa Francia Monción y mi papa Albert Anton Becker, tiene el primer y segundo nombre compartido con Alberto, que también es Antonio.

RS: ¿De dónde nace la pasión por la moda? Alberto, ¿Tuvo algo que ver la figura de su tío, Oscar de la Renta, en esta decisión?
APR: Llegué a la moda por casualidad. Yo soñaba con ser piloto, y tú sabes que uno siempre tiene una consejera, una amiga, que a lo mejor cambia el destino de uno. Y entonces, por un lado empezó a despertar esa inquietud de entrar en el mundo de la moda. No te voy a decir que la relación con Oscar no influyó, porque sí lo hizo; Imagínate, siendo sobrino de él, un familiar de tanto renombre también podía ser un plus. Empecé a estudiar en Venezuela, en una academia de diseño, y me fui involucrando. Trabajé también en el mundo del calzado, una fábrica que hacía calzados para Oscar de la Renta en Venezuela, aprendí un poco en esa área, y así me fui involucrando. Después, me fui a New York, estudié en Parsons, hice un “Stage” con Oscar; Ahí fue que conocí a Klaudia. Un poco después de pasado la etapa de estudiar allí, me fui a Roma, hice un “stage” con Valentino, regreso a Venezuela y empiezo a comercializar, no solo la parte del diseño, sino a involucrarme también en el comercio de las telas. Entonces digamos que mi trabajo era ser diseñador, pero mi negocio era ser comerciante de telas. Además, fui director creativo de Ferrari Moda que, además de trajes de novia, era alta moda y “Prêt-à-porter”.
KB: De mi mamá. Yo iba con ella y con la costurera a comprar las telas. Crecí escuchando siempre que si el piqué, que “búscame el algodón”. Ella se enfocaba mucho que si el rayón, que si las telas que tienen caída te hacen ver más estilizada, entonces todo eso se fue grabando. Mi mamá se mandaba a hacer la ropa y nos mandaba a hacer la ropa a mi hermana y a mí. De ahí nace ese deseo, ese interés por la ropa, la terminación, conocer las telas, las caídas. Ya de adulta, tuve tres tiendas aquí, en Casa de Campo. The Point, primero en Chavón y después tuve en la Marina, y Kids Point, cuando nacieron los niños.  Todo dependiendo de lo que yo estuviera viviendo en el momento. Yo diseñaba y al mismo tiempo compraba, todo bajo la firma de Coco Point. Era más turística: trajes de baño, ropa de coctel, lo que pasa aquí adentro; Sin exagerar con los precios, yo podía vestir a mis clientas de pies a cabeza. Era básicamente solo mujer, pero tenía una sección pequeña de hombre en Chavón.

“Mi disciplina siempre fue el ballet, fui la primera bailarina de La Romana y la modelo del vídeo “Escándalo” de Raphael de España”.

RS: ¿Qué es inspiración?
KB: Vamos mucho a las galerías de arte de New York. De hecho, de uno de esos viajes surgió el vestido que usé para la noche de apertura de la exposición de Oscar de la Renta en Centro León. Italia, conocer diferentes sitios. Nos inspira la comida, estar juntos. Tracadero es el escape nuestro; Cuando queremos cambiar de ambiente acá, nos vamos nosotros dos a Bayahíbe o ahí, y nos pasamos el día; Cambiar de escenario nos inspira, nos mueve.
APR: Hay muchas: Las películas, la naturaleza, los cuadros, los atardeceres…

RS: ¿En qué más se parecen y en qué más se diferencian?
KB: Nos parecemos en la mayoría de las cosas. Nos gustan los buenos alimentos, apreciar el arte, lo estéticamente lindo. Pero, por ejemplo, Alberto es más dormilón que yo. Yo soy de las que se despiertan a las 5:00 a.m.; Oro, leo y él está profundamente dormido hasta las 8:30, 9:00 a.m. Pero a ambos nos gusta acostarnos temprano, nos gusta hacer ejercicios, pasar tiempo juntos. Peleamos mucho por el largo de los vestidos; Yo soy de las que tiendo a ponerle menos, él me enseñó a usar un largo al que no estaba acostumbrada: Por abajo de las rodillas. Ahí le gusta. He aprendido a conocer más el gusto del hombre, de cómo le gusta ver a la mujer.
RS: Klaudia, usted fue la primera bailarina de la Romana y la modelo del vídeo “Escándalo” de Raphael de España, ¿Qué otros talentos cultiva independientes al diseño de moda?
KB: Yo era la artista de la casa. Ballet, teatro, todo; Todo lo que era relacionado con el arte, ahí estaba yo metida. Mi disciplina fue el ballet, yo bailé 18 años y sí, fui la primera bailarina de mi ciudad, la Romana. Ahí comenzó lo que era el mantener mi cuerpo. Cuando llegó Jane Fonda con los aeróbicos, dí clases en Casa de Campo y después tuve mi propio gimnasio, donde, además, se impartían clases de etiqueta y protocolo. Era moda con ejercicios. Graduamos como a 40 niñas, enviamos a Miss World y diferentes certámenes de belleza; Algunas ganaron, es decir que hicimos buen trabajo. También hacía los desfiles de Cartier para las fundaciones, comencé con Fundación MIR, a buscar las modelos, entrenábamos a las jóvenes, pero siempre terminaban escogiéndonos a Alba, mi socia, y a mí como parte del casting, es decir que también fui modelo. Después vino “ Escándalo”, el video con Raphael de España. Inicialmente no me interesaba del todo, me llamaron por teléfono y me dijeron que mandara una foto. En ese momento yo ni siquiera tenía un “book”. Al final me llamaron y me dijeron que había sido la seleccionada porque me habían visto en un anuncio de la Romana y el director me conocía. Ese video fue muy exitoso, no sabía que iba a ser tan grande; Fue el trabajo más facil que he hecho en toda mi vida, solo tenía que ser natural, que es lo que más me gusta; Nada forzado, caminar, bajar una escalera y ya, listo. También pinto desde chiquitica. Mi papá decía que yo iba a ser una pintora de pared, porque yo me ponía con mi trípode para cuadros grandes en todos lados. Estos del comedor, los comencé a pintar hace más de 30 años, en la marquesina de mi primera casa en Los Lagos. Realmente, se los había mandado a hacer a un pintor, pero no los terminaba y me desesperé. Inicié a complementarlos con color hace unos 4 años, porque eran bocetos. Cuando los termine, quiero mostrárselos a doña Ada Balcácer, a quien quiero mucho. También tengo otros que no hice yo, pero sí los dirigí, porque estoy al punto que si encuentro a alguien que yo entienda que tiene más capacidad en un área, le paso las fotos de lo que quiero y dejo que lo interpreten. Y, bueno, también soy fotógrafa; Amo capturar los amaneceres de mi Romana. Tengo un calendario y combino fotos con pasajes bíblicos, ahorita les mostraré el más reciente. También soy amante de los jardines; Tengo lavandas, rosas, me gusta. Mi pasatiempo es la jardinería, con botas y sombreros, y él también.
APR: Yo también hago una línea de cuadros, en los ratos libres. Éste de acá es un homenaje a un pintor venezolano que juega con los colores, era una eminencia. La corriente se llama “cinetismo”, que ves de un ángulo y del otro, el efecto que da un color. Bueno, el aeropuerto de Caracas lo hizo él, la obra más larga del mundo, vivió en Paris toda su vida. Mucha gente le hizo homenaje. Inclusive aquí, en casa de los Morales, él hizo el diseño de las rejas.

RS: Hay mucha presencia de azul en la casa, ¿Qué representa este color para ustedes?
KB: El azul para mí es paz, además, soy muy solar. Yo nací aquí en la Romana, siempre frente al mar. Cuando viví en New York, una de las cosas que más sufrí fue no ver el mar y no ver el verde. Hace como 3 años yo comencé a cambiar casa. Empecé por las puertas que eran marrones. Pinté la de entrada, la del estudio y la lateral, y claramente al final dije: “No ya, son demasiadas puertas”. Pero todas me dan tranquilidad.
RS: Alberto, su familia materna es dominicana, y la paterna, italiana, ¿Cómo llegan a Venezuela?
APR: Mi mamá fue a la boda de su hermana, en Venezuela, y conoció a mi papá allá. Se quedaron e hicieron su vida allá. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales soy el menor, el que no estaban buscando pero llegó. Y sí, hubo planes de regresar a República Dominicana, pero nunca se dieron. Salir de una casa de un país, no es fácil, hasta que me tocó. Vine yo, de adulto, detrás de Klaudia.

RS: Klaudia, ¿Qué significó prepararse en la época de oro de la escuela de Chavón y en Parsons NY?
KB: La mejor época de Altos de Chavón fue en la epoca que yo viví. Yo fui la tercera promoción y hubo un intercambio cultural sumamente rico, todo mundo tenía técnicas diferentes y cada quien ponía la suya sobre la mesa. Yo no pegaba mucho en Chavón porque yo era la “niña buena”, yo era la única que vivía en su casa. El ambiente no me cambió, pero sí me modernizó un poco. Ya cuando me voy a Parsons, que vivo sola, fue algo increíble. Todos los museos, andar en Subway, era libre. Para mí, la misma ciudad fue la maestra.

“Después que estudié en Parsons, hice un Stage con Oscar, en New York, Y con Valentino en Roma”.

RS: ¿Cómo fue la experiencia de hacer pasantía, con Oscar de la Renta, en New York?
KB: Fue un año de poner alfileres, bordar, ayudar a vestir las modelos. Yo aprendí a comenzar por abajo, yo lo que quería era aprender. Lo hacía todo, claramente, siempre y cuando no fuera lo mal hecho. En Parsons había un “bulletin board”, donde a los estudiantes les pedían si querían ser “dressers” para los desfiles de moda y pagaban 50 dólares. Yo me acuerdo que me metía en todos. Llegué porque el Chairman de CBS, que era papá de un ex-novio, me lo propuso, porque era amigo del socio de Oscar. Preparé mi portafolios y llegué. Era la asistente de Rosángela Brea, la asistente de Oscar.
APR: Cuando fui a estudiar a Parsons, a New York, trabajé un tiempo con él, pero no quería que dijeran porque iba a ser la sombra de él. Quería ser independiente, hacer carrera, mal o bien, prefería tomar el riesgo de empezar desde cero.

RS: Ambos se conocieron en el Atelier de Oscar de la Renta, hace unos 30 años, ¿Cómo recuerdan ese momento?
KB: Ya todo mundo me había dicho que si yo era prima de Alberto, que si yo era hermana de Alberto, cuando yo llegué donde Oscar, porque supuestamente nos parecíamos. Yo pensaba que el famoso Alberto era un señor. Cuando de repente se aparece, yo estoy ahí, bordando en el estudio, y yo veo que alguien me está observando desde la puerta y me dice: “¿Y tú, quién eres?”,  y yo le dije: “Klaudia Becker, ¿Y tú?”, y ahí me dijo, antes de los dos minutos: “¿Y esta noche, qué vas a hacer?”. Al final, me invitó a cenar. Según él, nunca le dije que tenía novio, pero se lo dije ese mismo día. Nos fuimos a Soho, eran como las 6:00 p.m., y le dije: “Mira podemos ser amigos pero yo tengo mi novio”. No hubo ni siquiera una intención de beso ni nada. Nos quedamos como amigos. Éramos dos estudiantes, 21 y 22 añitos. Yo me casé por mi lado, él se casó por el suyo. Él se divorció, yo quedé viuda y el Señor nos unió. Yo me casé con un italiano, que diseñaba yates. Lo había conocido aquí, antes de irme a estudiar a New York, duré 25 años casada con él, la boda fue secreta en New York, nadie fue. Me llevaba 25 años y fue duro al inicio, pero, al final, todos lo amaron. Tuvimos dos hijos: Andrea y Fabiana; Y entonces, Franco muere de un infarto y al final, después de dos años, el Señor me habló de una segunda oportunidad y aquí está. Alberto siempre estuvo presente, cada vez que venía al país, llamaba, se quedaba en casa, le presenté amigas, traía novias, lo aconsejábamos, éramos amigos. Él es el padrino de mi hijo, Andrea. Siempre me llamaba el día de mi cumpleaños y Franco nunca fue celoso de Alberto, nunca hubo ese interés mientras cada quien hizo su vida.
APR: Yo vivía en Venezuela; Me casé allá con Marcella, una venezolana. No funcionó, duramos menos de dos años. Antes y después de ella, traje hasta novias a esta casa. Era muy amigo de Klaudia, todavía lo somos, pero diferente.

“De soñar con ser piloto pasé a convertirse en director creativo de Ferrari Modas, en mi país, Venezuela, diseñando trajes de novia, trajes de mamá de novia, alta costura, durante 22 años. Por eso, ésta fue la idea inicial de Pierucci Renta, la firma de moda”.

RS:¿Cuándo ocurre el reencuentro?
KB: Cuando muere Franco, Alberto me llama a los 3 meses para darme las condolencias y decir que quería venir a vernos. Sería de un día a otro, porque tenía un amigo piloto que venía a Casa de Campo. Cuando cerré el teléfono, fue que choqué por primera vez con la realidad de que era una mujer sola e iba a estar recibiendo a un hombre en casa, pero dije: “ Ay Klaudia, hazme el favor, Alberto es como parte de la familia”. Quien me pone al tanto de que “mira mami, ese hombre solo tiene ojos para ti”, fue mi hijo Andrea. Después, a los dos años, por la tecnología, le contacto por WhatsApp para incentivarle a que veniera al país, a poner algún negocio, y pudiera salir de Venezuela, que en ese momento ya iniciaba a complicarse. Ahí me dice que sí, cómo iban los novios, y le dije que mal, que aquí lo que aparecen son buitres. Él, con su comedia, me dice: “Pero, ¿Es que no te das cuenta que tu príncipe azul soy yo? Mira hacia atrás. ¿Quién ha estado ahí siempre para ti?”, y fue de verdad, como esa retrospectiva, lo que hizo que todo encajara. Le seguí la corriente y organizó su viaje para cuidarme a mis hijos unos días, porque yo debía viajar a Italia por unos documentos. El Señor vino y me dijo que lo buscara al aeropuerto, le manifesté que no estaba acostumbrada a hacer esas cosas y me dijo: “Bueno, tu vas a hacer muchas cosas que no has hecho nunca en tu vida”.
APR: Vine por Santo Domingo, fue a buscarme, ella dice que vine con reemplazo, porque una amiga que hice en el avión me acompañó, pero vi a Klaudia, la tomé por la cintura y la besé. 
KB: Ese beso rompió el hielo. Me dijo: “¿Qué crees, vamos a funcionar?”. “Yo creo que sí”, le respondí.

RS: ¿Había temores de dar este paso?
KB: Sí, tanto de él porque había pasado un trauma, no quería saber de matrimonio, y yo que me costaba abrirme a la posibilidad. Además, no queríamos que, si no funcionaba, fuera a afectar la amistad, que era nuestra esencia. Pero para que me atreviera a dar el paso, tenía que ser alguien así.  Principalmente, teniendo dos niños, que en aquel entonces tenían 11 y 12 años. No sabíamos cómo iba a ser la reacción como enamorado, porque de un amigo a un enamorado es diferente y sí, hablamos por teléfono sobre ese encuentro. Si no pasaba nada, que siguiéramos como amigos, pero claro que el deseo estaba de que funcionara. Pero le hablé, le dije claro que aquí no habría convivencia; Aunque yo soy una viuda, tengo dos hijos, aquí no hay convivencia; Vamos a ver si funciona, como buenos amigos, vamos a conocernos ahora en esta otra onda, y después veremos. Si funciona, primero hay anillo y después hay boda. Yo lo que quiero es un compañero para el resto de mi vida, siempre he sido esposa. Y él estuvo de acuerdo.

RS: ¿Cuánto duraron de novios antes de comprometerse?
KB: Siete meses, pero habíamos hablado de un año. Lo que sucede es que me dijo: “¿Qué más es lo que vamos a esperar? No estamos jóvenes, verdad, nos conocíamos de toda la vida, tenemos que poner fecha”.
RS: ¿Cuánto tienen juntos?
KB: Vamos a cumplir 5 años, y declaramos desde un principio que iba a ser luna de miel eterna. Y así ha sido.