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Mongolia: Donde la naturaleza aún es la reina

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Mongolia

Donde la naturaleza aún es la reina

texto y fotos Antonio Broto
El viaje a Mongolia suele comenzar en Ulán Bator, una de las capitales más atípicas de la Tierra. Pese a los grandes espacios de esta nación (con solo dos habitantes por kilómetro cuadrado), su capital posee más de la mitad de la población del país (1,8 millones de los 3 millones totales) y es una urbe de continuos atascos y contaminada en invierno, aunque de inmensos cielos azules en verano.
El centro de Ulán Bator tiene un aspecto soviético, con edificios neoclásicos de aires rusos que recuerdan el pasado más reciente de Mongolia, cuando el país fue un estado satélite de la URSS.

Los carteles en cirílico, escritura que Stalin impuso en Mongolia y sigue siendo la oficial para el idioma mongol, son el principal recuerdo de aquella era. Pero también los ministerios, con grandes columnatas y pináculos acabados con una estrella roja, o la central plaza de Sukhbaatar, que recuerda a la Plaza Roja de Moscú o la de Tiananmen de Pekín, en honor del líder local que implantó el comunismo (Mongolia fue el segundo país del mundo donde se impuso esta ideología).

LA TIERRA DEL GRAN GENGIS KHAN

Del interior de casi todos los edificios, hasta de los ministerios de aire soviético, es frecuente que llegue el intenso olor de la potente comida mongola, en la que la carne asada, con las calorías que se necesitan para superar el frío invierno, es casi obligada.