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De cuentos y un cuentista

AVATARES Y LUNAS.

 

Curiosa, busqué sus libros. Poca cosa encontré. Pero lo que hallé me llenó de júbilo ¡son tres estrellas! Hoy, quiero comentaros mi experiencia con uno de ellos, René del Risco Bermúdez, a propósito de su renacer en la Feria del Libro de este año.
Con René quedé especialmente fascinada, además por su trágica historia personal. En su corta vida (murió en un accidente, un diciembre, a los 35 años) fue genial publicista, preso político, bohemio y, sobre todo, poeta y escritor: su producción es suficiente para colocarlo en la escena internacional al lado de los narradores del post-boom latinoamericano. En toda ella, coqueteaba con la muerte, el amor y la nostalgia.
Por casualidad, también conocí a su hija, Minerva, en otros avatares. A ella le dije: -Oye, ¿por qué no te preparas una charla sobre tu padre, para mi grupo de literatura? Sería fantástico tener tu visión de él y su obra. En ese momento no entendí ni su mirada ni el silencio que se produjo tras mi pregunta.
Me prometió que se lo pensaría. Como soy algo insistente, meses después la vi de nuevo y le reiteré la invitación. Me dijo que había estado sacando cajas y cajas con los papeles de su padre y que tenía varios escritos inéditos de él. También me habló de una grabación en su voz, leyendo sus poemas.
Pero, aclaró, ella necesitaba un poco más de tiempo porque NUNCA había hablado en público de su padre. Que era un duelo silencioso y permanente… -En qué lío me he metido ahora- pensé… porque una cosa es que alguien hable alegremente de los recuerdos de su padre escritor y otra muy distinta es que más de 40 años después tenga un nudo en el centro del pecho cada vez que lo evoca…
En fin, que el día de la cita llegó puntualmente cargada de papeles, que resultaron ser escritos inéditos de René en folios amarillentos y tipografía de maquinilla Remington de los años 60 –una joya para cualquier amante de los libros– y con un discurso que comenzaba así: “Esto que estoy haciendo hoy es una de las tareas más difíciles que he emprendido en mis 53 años de vida y digo esto porque durante los últimos 42 años he evitado hablar de mi padre y eso por razones que ni yo reconozco y que mucho menos he tratado de averiguar”.
Sentí que esa noche, al hablar de su padre, Minerva lo liberaba, le permitía volar, y ella a su vez soltaba sus miedos y sus lágrimas, comprometiéndose en silencio con la misión que él le había dejado: ser su voz, sus palabras, hoy, 42 años después.
Casualidad –o no– un tiempo después de esa noche la llamaron para darle la noticia de que se había decidido que el escritor a quien estaría dedicada la Feria del Libro 2017 sería René del Risco Bermúdez… y el resultado ya lo habéis visto: un pabellón de lujo, un resarcimiento de años de olvido, una exaltación al olimpo de las letras…

¡bravo René! Y segurísima de que ya estáis listos para salir a buscar sus libros, os dejo con este fragmento cargado de nostalgia de la infancia del cuento-monólogo Ahora que vuelvo, Ton:
“…Uno no puede estar pegando botones a cada rato, el maldito frasco de «Sucaril» se rompió esta mañana, y así se fue amargando todo, amigo Ton, hasta que un día no fue posible oponer más sensatez ni más mesura y Rosina voló a Roma en «Alitalia» y yo no sé de mi hijo Francesco más que por dos cartas mensuales y unas cuantas fotos a colores que voy guardando aquí, en mi cartera, para sentir que crece junto a mí. Esa es la historia”. RRB.

EDITORIAL.

 

“…Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado!”.

Pedro Salinas, El Contemplado

Lectora empedernida, librepensadora y en modo alguno erudita ni intelectual…

[email protected] / Twitter: @marina_osborne

Recién llegada a Santo Domingo, me interesé por sus autores más importantes. Alguien me dijo que, en materia de cuentos, debía leer a Juan Bosch. Pregunté si él no era el político que había alcanzado la Presidencia en algún momento, y me respondieron que sí, que era el mismo. De sus cuentos, dos me impactaron hasta la médula: Dos pesos de agua y La Nochebuena de Encarnación Mendoza.

Sin embargo, ya asidua tertuliana en el país, en un encuentro con un escritor muy conocido a quien llamaré Julio (¡es que es muy tímido y muy serio para estos Avatares!), me habló de tres cuentistas dominicanos que, según él, no habían sido suficientemente reconocidos: Virgilio Díaz Grullón, René del Risco Bermúdez y Pedro Peix.